jueves, 2 de febrero de 2012

Mi experiencia en Venezuela después de 8 años de ausencia

A mi regreso a mi patria querida después de ocho años de ausencia, tuve la oportunidad de ver con más claridad lo maravilloso y terrible que es a la vez este gran país. Me hizo recordar los contrastes de New York como por ejemplo lo es cuando pasas por la avenida San Nicolas, a nivel de la calle 181 con su gran cantidad de gente vendiendo comida, ropa, calzado, incienso y hasta droga; donde además, en época de Verano, se ve a mucha gente haciendo parrilladas en la calle y comportándose como si estuvieran en el mismísimo patio de su casa escuchando música a altos decibeles y hasta altas horas de la noche sin importar o tan siquiera pensar que hay gente que eso le pueda molestar de cualquier manera. Luego, al otro lado, a solo dos cuadras hacia el lado este y como por arte de magia encuentras otro mundo, como si pasaras una frontera, encontrando otro país dónde existe el respeto hacia el prójimo e incluso hacia si mismo, dónde hay caras diferentes, trajes diferentes, comportamientos diferentes, calles limpias y diferentes.

De esta misma forma, aunque con ciertas variantes, encontré a mi gran país Venezuela. Así la recuerdo desde que era niña, sólo que ahora pareciera que esas diferencias, esas contradicciones son más notorias. Llegué un primero de Enero y había olvidado por completo que este país, perdón su gente, trabaja a medias y no cómo debiera, no cómo el país entero lo necesita; por tal razón aún no habían recogido la basura del día anterior y de otros anteriores. Eran cerca de las 12 del mediodía. La autopista vía Caracas era una delicia para manejar, totalmente despejada, tranquila y matizada con una brisa que parecía tela de terciopelo; desafortunadamente ese paisaje era constantemente interrumpido por esos montones de basura que yacían por doquier dándome la bienvenida, saludándome y diciéndome “tanto tiempo sin verte” y yo respondía con los ojos desorbitados “si, tanto tiempo” Observaba cada trozo de la vía, cada palmo de las montañas que están hacia los lados, cada barriada y cada grupo de motorizados que parecía salieron a dar un paseo en grupos de cinco, seis y hasta diez marcando una notoria imagen de “cuidado con nosotros, somos intocables”. De pronto, me asombró ver que a nivel de la parroquia Katia, aún existía aquella casa al lado izquierdo de la autopista; siempre sobresaliente por su gran tamaño y sus grandes columnas que parecen las piernas de Mazinger Z, diferente a las otras casas pobres, que por cierto pareciera se triplicaron en estos ocho años porque ya no queda espacio para ni siquiera una pieza de dos metros cuadrados con techo de zinc. Ahí estaba esa gran casa, padeciendo de color y belleza pero saludándome y diciéndome: “si, aún estoy viva, aún estoy aquí” mientras yo me preguntaba que será de la vida de ese maravilloso albañil quién la diseñó y construyó, porque las casas pobres las diseñan los albañiles no los Arquitectos.

Yo seguía observando mientras hablaba con mi familia, quienes me hacían preguntas y yo a ellos, mi madre me veía con detalle tratando de escudriñar el por qué estaba tan delgada. Parecía preocupada por ello aunque enormemente feliz de ver a su hija de vuelta a casa aunque sea de visita. Yo venía pendiente de oler el mar pero se me escapó percibirlo.

Más adelante, nos topamos con un perro en medio de la vía que estaba agonizando. Mi hermana sufrió por él; le grito que se parara porque sino lo iban a terminar de espatarrar. A sólo minutos, más adelante, un par más de ellos, esta vez ya abombados como globos de fiesta de cumpleaños, parecía que en cualquier momento despegarían del suelo. Nadie se compadece de ellos, no hay autoridades que lo vengan a recoger, al menos no por ahora, quizás en unos días cuando pase el camión de la basura y tal vez se los lleven, no lo sé. Yo mientras tanto, seguía reconociendo todo, aunque todo o casi todo lucía más viejo. La basura me seguía saludando, parecían gente aglomerada para ver al papa y yo asombrada de ver tantos, tantos montones de ella saludándome hasta incluso llegar a la esquina de la casa de mi madre. El olor me sacudió por un instante pero fue un definitivo “Bienvenida a casa”

Me alegre al ver que ya en la noche, no tan tarde, todos esos montones de basura se fueron a descansar. La avenida, vista desde el bacón, lucía impecable tal cual la quería ver, como la recordaba y sentí alivio que finalmente la gente salió a trabajar. Días después fui a una jefatura a tan solo tres cuadras de casa de mi mamá con el objeto de sacar mi cédula de identidad. Hice mi respectiva cola. Luego, de que recogieron nuestras copias de la cédula nos hicieron pasar a un salón modestamente acondicionado para realizar esta actividad, éramos cerca de 15 personas o tal vez 20. El salón disponía de cuatro nuevas computadoras pero sólo dos operaban, porque sólo había dos empleadas, las cuales claramente nos dejaron ver, como la cosa más normal y sin vergüenza alguna, que ninguna estaba realmente capacitada para manipular las computadoras; decían entonces que el sistema estaba re-lento. En una de las paredes había pegado un papel que prohibía el uso de celulares en esa área, pero ambas chicas y el 98% de los que ahí se encontraban, incluso gente de la tercera edad, estaba constantemente usando sus celulares, sus BB. Creo yo era la única que no estaba en esa onda, porque incluso mi sobrina de tan sólo 19 años de edad, no se despegaba del suyo. En eso sino ha cambiado el Venezolano, Pantallero como nadie. Para evadir al tiempo que transcurría lentamente, yo conversaba amenamente con una señora muy amable y simpática, que me recordó también que esas son características de muchos Venezolanos. Pasaron dos horas y empezamos a protestar, hasta que la que parecía la jefe dijo que el “satélite se había caído y por eso el sistema no respondía y que aún ellas estaban a prueba. Yo no pude permanecer con mi boca cerrada y les pregunté si acaso a ellas no las habían capacitado antes y la chica me contestó con cierta ironía, que justamente la prueba la estaban haciendo con nosotros. La otra chica, mientras tanto, decía en voz alta que no entendía nada en la pantalla porque todo estaba en inglés. Me reí y dije en alto “guao que avance” me miraron de reojo. Una hora más tarde, todos empezaron a impacientarse, no había ni siquiera un baño. La jefe dijo que no podía hacer nada y nos sugirió que regresáramos el lunes y nos garantizaba atendernos de primeros. Algunos aceptamos, regresé el lunes y después de una hora me tocó el turno. Al meter los datos en el computador me preguntó si yo tenía un proceso abierto, en ese instante no entendí a que se refería y le dije que no, hasta que ella me nombró la palabra pasaporte. Le dije que yo había solicitado uno nuevo en el consulado de New York pero que ya había entregado todo e incluso ya me habían tomado las huellas y la foto, que sólo quedaba la entrega del mismo en Enero o Febrero, entonces me dijo que no me podía sacar la cédula por ello. Le pregunté qué tenía que ver el pasaporte con la cédula y me dio una explicación de esas que lo dejan a uno con ganas de reírse en la cara de la persona pero sólo dije “ah ok” Ella me hablo en el lenguaje de Cantinflas y al darme cuenta de ello entendí que no había nada que hacer y me fui. Al día siguiente acudí a una jornada en el Parque del Este y después de hacer la cola, me hicieron regresar a casa a buscar mi pasaporte porque en la copia de la cédula no se veía bien mi huella y por ende no me la aceptaron. Finalmente, después de tres largos intentos, pude sacar mi cédula de identidad que por cierto la foto salió como si fuera una reclusa y como si me acaban de dar una paliza dejándome la cara marcada como el perro de la pandillita.

Pero en mi estadía, también pude notar algunos cambios que a mi juicio son favorables como por ejemplo lo es que gran parte del Centro de la ciudad ha sido recuperado, que la Plaza Venezuela luce estupenda con luces y música de fondo, que el Boulevard de Sábana Grande esta despejado de los buhoneros que parecían unas plagas y hasta le han incorporado algunos aparatos para que los niños jueguen y se distraigan, que mi madre quién ha sido una comerciante independiente y una gran ama de casa está recibiendo una pensión pese a que nunca estuvo registrada en alguna compañía; por lo que dudo mucho que con otros gobiernos esto hubiese sucedido.

A los sitios que acudí, me atendieron bien. Para mi sorpresa conseguí mucha gente joven trabajando en lo que es Servicio al Cliente y han sido muy atentos y tratado con buenas palabras. Tuve la valentía de usar en varias ocasiones el transporte público, y me encontré con gente amable y honesta a la hora de pagar su pasaje, porque muchos se bajan por detrás del vehículo y se dirigen hacia la puerta delantera para pagarle al chofer. Tanto jóvenes como adultos conservan el hábito de saludar al entrar a algún transporte público, a algún edificio, oficina o local. Aún existen los vendedores ambulantes de cualquier cosa que se suben a estos vehículos y anuncian que hasta reciben cesta tickets como forma de pago. Todo ello me ha hecho recordar y ver que el Venezolano aún es cordial, atento, bondadoso, respetuoso y sobre todo jocoso; pero desafortunadamente también vi miles de quienes están del otro extremo, el de las contradicciones, el que nos echa a perder la buena imagen que podamos tener como ciudadanos, los que nos hacen ver como una especie que no respeta, el que está pendiente de una trampa, el que no considera y que pisa al otro para surgir él. Ojala todos podamos entender que con la gente que está del lado bueno, sea del color que sea, es que podemos salir adelante, es que podemos recuperar o mejor dicho hacer de este país un gran país porque el recurso aún está. Ojala todos tengamos la oportunidad de ir a otros lugares de visita y regresar a nuestra casa porque nos espera un buen cobijo, no vivir en otros lugares y venir de visita porque ya no hay esperanzas. Viviendo en otro país, he podido entender y apreciar mejor todo lo que poseemos. Se me eriza la piel y se me llenan los ojos de lágrimas porque sencillamente no nos han enseñado y no queremos aprender a valorar todo lo que poseemos como nación. Ojala la nueva generación se percate de ello y pueda hacer algo. Que Dios nos bendiga, que abramos los ojos y nos comportemos como hermanos, como hijos de una misma madre para darnos la mano y salir adelante.

Katiuska Gutiérrez

lunes, 5 de septiembre de 2011

Irene: El lobo feroz que nunca llegó.

Érase una vez un alcalde llamado Bloomberg haciendo un llamado a su comunidad para que tomasen precaución, debido a que se avecinaba un huracán de nombre Irene que, aunque de categoría uno, amenazaba con poner en peligro a la comunidad. Muchos optaron por hacer caso y tomar las medidas necesarias.

Otros tantos, hicieron caso omiso. Algunos, se rehusaron a abandonar sus hogares y otros, inclusive, se atrevieron a retar a la naturaleza aproximándose a las playas, parques y ríos, por el simple hecho de parecerles una gran aventura llevando consigo a niños de muy poca edad.

Algunos otros, hallaron esta oportunidad propicia para declarar su fiel amistad o amor y permanecer junto a su(s) ser(es) querido(s) por si cualquier cosa sucediese.

Había un agite que tenía una pequeña similitud a la amenaza del lobo del cuento de Pedrito el Pastor, pero a diferencia del cuento infantil, Irene si venía y Pedrito, era representado por todos aquellos quienes no hicieron caso y constantemente llamaban a los amigos riendo y preguntando en dónde estaba Irene como deseando en el fondo de que algo grave si ocurriese. Por otro lado, otros tantos avariciosos lamentaban el haber cerrado sus negocios y criticaron el hecho de que se cancelara el servicio de transporte público.

Pregunto a los tantos Pedritos: ¿Qué fue mejor, que Irene no llegara o que se hubiese establecido como lo anunciaban? Pasé dos días esperando a Irene y no precisamente porque quería su presencia. Maté el tiempo cocinando, viendo películas, compartiendo con mi pareja y asomándome a la ventana, de vez en cuando, para ver algo que no quería ver.

El Domingo, cuando se sabía que Irene ya había sido historia sin mayores daños que lamentar, aunque hubo perdidas humanas y zonas afectadas, di Gracias a Dios que Irene no llegó.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Injusticias con la "Rutina"

A veces definimos las cosas simplemente por la acción de repetir lo que escuchamos casi a diario, dictado sólo por el supuesto sentido común del público en general. Ese es el caso de la pobre y tan repudiada Rutina.

¿Por qué el ser humano, quien se autodenomina como ser pensante y por ende racional, se empeña en hacer parecer a la rutina como la chica mala de la película? Lo asombroso es que, incluso los que se dicen llamar especialistas en ayudar a las parejas en conflictos, hacen todo lo posible y hasta les cobran para ayudarles a salir de la rutina presentando esto como la gran solución, cuando la única que hay es la renovación de la misma, no su desaparición.

La rutina no es más que una parte esencial, necesaria para el desarrollo de la especie humana. Muchos dirán en estos momentos: ¿de qué habla esta mujer? Entonces les diré amigo, amiga.

Citemos el siguiente ejemplo: cuando una mujer recién da a luz a un bebé, empieza una rutina nueva en su vida, misma que depende de cómo la maneje, ésta será o no de provecho para ella y para su bebé. Debe cuidarlo las 24 horas del día, darle de comer cada tres o cuatro horas, dependiendo del bebé, asearlo, etc. Todo esto debe hacerlo casi sincronizadamente todos los días y esta rutina irá cambiando según se presenten las necesidades del bebé y hasta de ella, la madre misma. Cuando éste crece y le toca ir al colegio debe levantarse temprano, asistir a clases, hacer las tareas, jugar y hasta comer dulces, entre otras muchas cosas más. Esto se llama rutina.

Por qué renegar, o no querer entender, que la rutina está a nuestro lado desde el mismo día en que venimos a este mundo hasta el día en que partimos de él. Sólo hay que saber cuándo es el momento de renovarla.

Señores, la rutina no es mala compañera, por el contrario, nos ayuda, sólo que a veces, nos grita desesperadamente de que necesita relevo o cambio de look. Nos nos asustemos de ella.

Katiuska Gutiérrez

miércoles, 20 de abril de 2011

"Facebook"

Aunque se especula sobre el final del mundo para el próximo año 2012, muchos expertos en la materia coinciden en que no será así; que se trata más bien de una transformación que sufrirá la tierra, trayendo como consecuencia una evolución de la especie humana; por lo que también se especula que terminará el mundo de odio y materialismo. Ese día, la humanidad tendrá que escoger entre desaparecer como especie pensante que amenaza con destruir el planeta o evolucionar hacia la integración armónica con todo el universo, comprendiendo y tomando conciencia de que todo esta vivo, que somos parte de ese todo y que podemos existir en una nueva era de luz.

Dando obligadamente un vistazo al Facebook (digo obligada, porque, lastimosamente, ya por estos tiempos muy pocas personas te envían un correo e incluso te dan una llamada) es que me veo en la necesidad de estar en la red para mantenerme en contacto, ya que todo lo más mínimo, importante o no, es publicado ahí. De lo que veo o leo, me cuestiono el hecho de que si realmente este cambio de la especie sería posible. De serlo, sería ocasionado por algo realmente fuerte, lo cual me asusta un poco, ya que aún cuando hay tantas amenazas contra este mundo desde hace mucho, el hombre aún no termina de reaccionar.

Hace poco me hizo la solicitud una chica que fue al liceo conmigo, y en su momento fue amiga y compañera; Me dio gusto que me contactara e inmediatamente acepté su invitación. Le envié un mensaje pidiéndole su teléfono para llamarla. Nunca me contestó; pensé que posiblemente se debía a que era de las pocas personas que no suele meterse con frecuencia, pero es todo lo contrario, coloca fotos y textos casi a diario, mostrando su fabulosa vida. ¿Son todos tus amigos de Facebook realmente amigos o están de relleno para presumir?

En un principio, Facebook fue inventado por compañeros de Universidad para su propio uso, pero hoy día es usado por el mundo entero para exponerse, bien sea a manera personal o profesional. Reina el materialismo y el egocentrismo entre otras cosas, lo que tiene al hombre muy lejos de vivir en una era de luz.

No todo es malo en relación a esta red, porque hay quienes agradecen el haber encontrado y estar en contacto con gente de la cual no tenían noticias desde hace mucho y que de verdad son importantes en sus vidas, pero lo que más se vende o se ve, no suele ser real y está muy distante de ser una especie que realmente busca un cambio hacia lo espiritual.

Katiuska Gutiérrez

lunes, 28 de marzo de 2011

Roommate # 17

Eran altas horas de la madrugada pero, en el momento en que me desperté no precisé qué hora era, cuando de repente escuché ruidos diferentes a los que usualmente se escuchan en mi casa, como por ejemplo el que hace la calefacción, que a veces parece una locomotora y otras como si algún novato tocara una batería, o el que hace la nevera cuando supongo se dispara la energía eléctrica, o el que hace la puerta de la entrada de mi casa cuando hay mucho viento, o el ruido que se genera cuando el cable grueso que cuelga desde la azotea pega contra la caja del aire acondicionado que tengo en una de las ventanas de mi habitación; en fin, esos ruidos diferentes perturbaron mi sueño y me despertaron. Cuando abrí los ojos, vi a mi roommate pasar en frente a mi cama, con la cual tropezó su cuerpo. Detrás de ella iba un chico, quien también tropezó con mi cama y fue entonces cuando entendí qué clase de ruidos eran y quién los provocaba.

El la sostenía por su espalda y brazo derecho. Noté, a pesar de que era de noche, que ambos iban borrachos y ella se tapaba la boca como evitando o tratando de atajar un posible vómito. Pasaron directo al baño y pude escuchar sus voces pero no entendí de qué hablaban. Yo tenía ganas de orinar y quizás ello también contribuyó a que yo me despertara. Al cabo de sólo cinco minutos escuché que el chico se marchó y esperé a ver si ella salía del baño para poder ir yo, pero repentinamente escuché un golpe fuerte, como si alguien cayera al piso, y me imaginé lo peor.

Me levanté con cuidado, porque no quise que se diera cuenta de que yo estaba despierta para no causarle pena, aunque quizás ella estaba consciente, pese a su estado, que me había despertado. Me acerqué al baño y no escuché ruido. Me devolví a su habitación en busca de la llave de la casa (su cuarto está ubicado al fondo del apartamento y para llegar a el hay que atravesar mi habitación), pero no la divisé. Me devolví hacia la entrada del apartamento y abrí la puerta para cerciorarme de que no la había dejado pegada a la cerradura, pero tampoco estaba ahí la llave. En el baño no se sentía ruido alguno y la puerta tenía el seguro pasado. Me devolví a mi cama, pero mis ganas de ir al baño eran más fuerte y al mismo tiempo no podía dejar de pensar en qué carajo le había pasado o le estaba pasando a mi roommate.

Fui a la cocina y pensé en usar la regadera para orinar, dude de hacerlo porque tal vez haría un reguero en el piso. Mientras, yo movía mis piernas juntando mis rodillas tratando de retener las ganas, con una mano sostenía el envase y con la otra me apretaba mis partes, hasta que me decidí y me bajé la pantaleta. Me concentré por un momento, flexioné un poco mis piernas y apunte hacia el pequeño orificio del envase. Mi puntería me causó gracia y mientras orinaba sentía ese alivio rico que se siente cuando satisfaces una necesidad; sin embargo, yo seguía pensando en mi roommate. Me sequé con papel toallín, lavé la regadera con agua caliente y me devolví a mi cama; ya sabía que hora era, cerca de las 4am.

Una vez acostada, mi cabeza empezó a imaginarse cosas, o mejor dicho, empecé a sacar conclusiones y ver qué iba hacer, porque aquello era muy extraño. Repase la imagen de los dos pasando enfrente de mi cama y obviamente estaban borrachos o drogados; pensé en lo peligroso que es que lleven a tu casa a alguien extraño en esas condiciones, pensé en mi laptop que estaba en la sala, pensé, pensé, pensé. Pensé en lo peligroso que son las caídas en los baños y que tal vez ella estuviese herida, en la cabeza, la imaginé llena de sangre y entonces me volví a levantar, fui al baño, toqué la puerta una, dos, tres veces y nada; la llamé por su nombre y nada; fue cuando me cruzó por la cabeza llamar a mi novio pero quizás no oiría su teléfono o peor, se molestaría por despertarlo a esa hora. !Ah si!, me lo imaginaba con su peculiar acento y mal humor por haberlo despertado diciéndome: "Joder tía y que carajo puedo hacer yo desde aquí" (él vive en Brooklyn y yo en Manhattan) aún sabiendo de que 5 minutos más tarde se arrepentiría de su rudeza y ofrecería su ayuda, opté por cambiarme a la opción del 911. Preparaba las palabras en inglés, me imaginaba la ambulancia llevándosela toda desangrada y me imaginé rindiendo mis declaraciones a la policía. Pensaba entonces cómo describiría al chico y también en que ella, quizás, me había dado un nombre falso porque nunca me dió la copia del ID que le pedí. !coño, en que lío me metería con el dueño del apartamento!.

No podía volverme a dormir, ella no contestaba, también pensé en que posiblemente se había marchado con el chico pero, ¿y aquel golpe que escuché en el baño? ella estaba aún ahí porque el cerrojo estaba pasado y la luz estaba encendida. ¿Qué le pasó a mi roommate o qué le estaba pasando?.

Yo iba del baño a su habitación, luego a la mía y lo repetí varias veces hasta que me acosté una vez mas. Al rato, antes de que el sueño me venciera, escuché de de nuevo un ruido, eran pasos y supuse era ella quien iba a su cuarto pero para ese momento ya yo estaba casi rendida de sueño y me dormí.

Katiuska Gutierrez

lunes, 10 de enero de 2011

New York en Retroceso!!!!

Foto: Katiuska Gutierrez.

Llevo 6 años viviendo en la ciudad de New York y he tenido la oportunidad de vivir grandes nevadas como la recién pasada del 02 de Enero del presente.
Es cierto que muchos no esperábamos, a pesar de que lo anunciaron los diversos medios de comunicación, que la tormenta fuese de la magnitud que fue, aunque las han habido mucho mas grandes; pero lo que me tiene sorprendida y a muchos de los que aquí vivimos es, que haya sido una sorpresa incluso para el estado y lo que es mas grave aún, es el hecho de no haber estado preparados para enfrentar la tempestad.
Recuerdo que Michael Bloomber, alcalde de New York, dijo que hiciéramos vida normal, que es lo lógico cuando se vive en un país desarrollado, acostumbrado al sistema de las estaciones y sus problemas. Muchos, confiados le tomamos la palabra e intentamos hacer exactamente lo que dijo, bien sea porque había que ir a trabajar, salir a comprar comida o simplemente reunirnos con amigos o familiares con quienes no pudimos compartir en el año nuevo.
Si, muchos intentamos salir y hacer vida normal pero fue imposible porque el transporte público colapso, hubo ausencia de los recolectores de nieve, lo cual produjo a su vez el retraso en la recolección de la basura. Hoy 7 días después, la ciudad aún padece las consecuencias de la tormenta y New York luce como cualquier otra ciudad de Latinoamérica, afortunadamente no apesta por las altas temperaturas, supongo, y porque mucha basura esta protegida, aún, por la nieve que queda acumulada en los alrededores de las aceras.
Será acaso esta recesión que hace que la famosa capital del mundo, luzca como que va en retroceso? o se trata mas bien de manos cruzadas de las autoridades?.

Katiuska Gutierrez

lunes, 20 de diciembre de 2010

CARTA PERSA: "Un viaje al Parque del Este"

Foto: Cortesia Google Search

Teníamos cerca de un promedio de 12 años, no existían los celulares y pocos tenían teléfonos en sus casas. Yo era una de ellos. Éramos estudiantes de la famosa y reputada U.E.G.C. (Unidad Escolar “Gran Colombia”) y por primera vez saldríamos a un paseo sin chaperones; pero antes, la coordinadora de curso se cercioró de que cada representante concediera el permiso para hacerlo.

Se trataba de un experimento para saber cuan responsables podríamos ser y como enfrentar posibles situaciones adversas que se cruzaran en nuestro paso.

Fue un paseo corto dentro de la misma ciudad. Eso si, teníamos que entregar un reporte del lugar y el mismo, debía reflejar algo de historia. El sitio, debíamos escogerlo nosotros mismos. Nada nos fue impuesto, sólo el hecho de ser responsables y portarnos bien. Por decisión general, elegimos ir al Parque del Este. En principio, porque allí estaba justo una replica de la “Santa María”, una de las naves que formaron parte del descubrimiento de América y que se hallaba en un gran lago artificial donde alquilaban botes a pedales.

Era un Parque gigante, fácil para los niños perderse y el más grande de la ciudad de Caracas. Había también un zoológico, un planetario, concha acústica, canchas deportivas y una biblioteca; siendo esta última, lastimosamente, para nosotros el lugar menos atractivo para visitar. Éramos diez, no recuerdo exactamente cuántos varones y hembras habían pero si la cantidad en total. Fue un día sábado y nos encontramos a las 10am. Asignamos a nuestro delegado, así llamamos en aquel entonces a quien sería nuestro líder. Fue una chica de apellido Galíndez, (generalmente en aquella época, en los colegios y liceos lo llamaban a uno por el apellido, no se si era una cuestión de respeto u otra cosa). Ella era muy poco femenina, pero muy buena en Voleibol. Años más tarde representaría a Venezuela en ese renglón.

Contamos la cantidad de dinero que teníamos en total y colocamos en un morral toda la comida que habíamos llevado. Habían sándwiches rellenos con diablito. ¡Guácala! Nunca me gustó el diablito, es jamón picado en trocitos muy pero muy pequeños, lo que hace que su contextura sea mas bien como una pasta para untar y viene enlatada.

Mi hermana, la mayor que era bastante mentirosa y traviesa, me decía que el diablito no era mas que rata blanca molida y por eso yo casi nunca comía esa cosa. En total contábamos con: varios sándwiches, galletas, un litro de jugo de naranja y dos de albaricoque y unas cuantas frutas. El llevar pocas cosas fue parte del experimento. Debíamos regresar a casa a las 5 de la tarde a más tardar.

Pagamos las entradas a precio preferencial para estudiantes, fuimos al zoológico y disfrutamos mucho el ver cocodrilos, monos, aves exóticas, etc. Por supuesto, siempre por delante las risas y las comparaciones entre nosotros y los animales. Siempre todos juntos, era un buen grupo sano y obediente. Luego, comimos algunas frutas, galletas y bebimos de los deliciosos jugos. Todo repartido equitativamente. Jugamos a la pelota, disfrutando de aquel verdor que reinaba en ese lugar maravilloso. Respiramos profundo mientras yo les decía: “Respiren inflando el estómago y boten el aire malo que llevan dentro” Y todos obedecían sin saber verdaderamente lo importante que es saber respirar.

El tiempo pasaba y nosotros seguíamos jugando. Luego, nos fuimos al lago, alquilamos los botes y el tiempo seguía corriendo de prisa y nosotros continuábamos divirtiéndonos; jugamos la ere con los botes, la risa contagiante de todos fue un ejercicio que nos regalo, en ese momento, años de juventud. Al rato, escuchamos el sonido estridente de un pito que nos indicaba que nuestro tiempo con los botes había culminado. Fue entonces, cuando empezamos a portarnos mal.

El dinero casi había desaparecido y solo quedaba lo necesario para regresar a casa en autobús. Decidimos permanecer en los botes alejándonos del muelle donde estaban los encargados. Uno de los chicos les grito mientras nos alejábamos: “ Si quieren que salgamos, vengan por nosotros” jejejejejejeje. Se escuchaban las risas, a ninguno nos dio temor romper las reglas.

Nos dejaron un rato más porque habíamos pagado más de una hora, pero al rato ya los encargado cansados, nos amenazaron con ir a buscarnos y entonces iniciamos la huida. Le dimos fuerte a los pedales hasta llegar a tierra, abandonamos los botes, corrimos y saltamos las cercas. Entre las risas por la travesura y algo de nervios, Galinde cayó al lago y con ella el morral con los sándwiches. Fue cuestión de segundos para que todos flotaran en el agua, no se salvo ninguno. Ya no había nada que hacer ni nada mas para comer. Recuerdo a la pobre Galinde con sus pantalones mojados hasta la cintura.

Menos mal que yo no me caí, porque me hubiera ahogado aún si el agua me llegase a los tobillos. Logramos escapar, evadiendo el pago extra que debimos hacer. Nunca fuimos realmente consciente de ello; por lo tanto, seguimos con nuestras risas sin darnos cuenta de la hora que era. Nos fuimos a la concha acústica a cantar y bailar. De pronto, el hambre nos acechó y nos pegó el estómago del espinazo; ahí yo sentia era capaz de comer aquellos panes con diablito.

Decidimos salir del parque porque casi anochecía. Cerca de la salida, nos percatamos que habían varias matas de mangos que estaban cargadas con aquel fruto maravilloso, jugoso y tan apetitoso. Dos de los chicos se subieron a los arboles y antes de que los vigilantes pudieran atraparlos, porque aquello que no entendimos por qué, estaba prohibido; lograron meneando las ramas, que algunos frutos cayeran al piso. Recogimos los suficientes y nos fuimos corriendo a unas escaleras. Tirados al piso, nos devoramos aquellos riquísimos mangos sin importarnos que su concha no había sido lavada. Parecíamos niños de la calle: sucios, con hambre, infringiendo la ley y olvidándonos de los adultos que nos esperaban preocupados en nuestras casas.

Ya preparados para regresar a nuestros hogares, Galinde se encargó de acompañar a 4 de los chicos porque iban en la misma dirección que ella. Otro chico, de quien no recuerdo su nombre sólo que tenía ojos verdes grandes, se encargó de otros 3 y yo, siempre de independiente, dije que podía llegar sola aún cuando ya era de noche y que le explicaría a mi madre lo sucedido y que ella entendería. Así fue, aunque tardó en volver a darme permiso para salir sin la compañía de un adulto.

Fue un experimento para el país, para los vigilantes y encargados, para la coordinadora, para los padres, para nosotros darnos cuenta años más tarde que ahí se definía parte de nuestra personalidad. Ojalá los niños de esta era lo pudieran repetir de la misma manera y con las mismas inocentes consecuencias.


Katiuska Gutierrez